2º. Día 25-06-2005
Nos llaman a las 3.15 como nos dijeron, entre la paliza del día antes y lo poco que hemos descansado por los ruidos, estamos molidos. Salimos de la habitación y nos encontramos a todos los de la excursión con la almoada en la mano, parecen un anuncio de dodotis si no fuera por los caretos de la gente, pues si que empezamos bien el día. Abren el restaurante por si se quiere tomar alguien un café, pero la verdad es que no entra nada. En recepción nos entregan un pic-nic para aguantar la larga mañana que nos espera. El autobús se dirige hacía una gran avenida donde se está preparando la caravana escoltada por la policía, seremos unos 35 vehículos entre autobuses y minibuses y taxis, me impresiona bastante ya que es la primera vez que veo tanta policía con los Kalasnikov cochambrosos. Estamos parados frente a un cementerio musulmán, hay casi luna llena, con lo cansado que estoy parece que estoy todavía soñando. La caravana una vez formada se pone en marcha rumbo a Abu Simbel, veo que el conductor aprovecha la luz de la luna para conducir sin luces por el desierto, cada vez estoy más despistado por todo lo veo, como puede conducir por el desierto sin luces, y encima va a toda pastilla y adelantando como un poseso. Nos va amaneciendo por el camino, es un espectáculo inolvidable, la mayoria de la gente duerme, yo no. De toda la caravana que partimos, llegamos los terceros, eso es bueno, porque vamos a poder hacer unas fotos increíbles sin gente de por medio. Todavía no consigo ver los templos, estoy nervioso por verlos, toda mi vida esperando este momento. Abdul, nuesto guía nos lleva a la sombra y nos da toda clase de explicaciones, estoy deseando que termine para salir corriendo, pero una mano me toca en la espalda y me dice: Hola, no te llamarás Richi?, digo, si, porque, pues porque yo soy Risos la del foro, no me lo puedo creer, nos hemos conocido en Abú Simbel , a partir de ahora seremos compañeros inseparables de viaje con nuestras familias.
Cuando termina Abdul de darnos la charla nos vamos rápido y veloces al templo de Nefertari, somos los primeros en entrar, y la sensación que tuve es indescriptible, por fin tomo contacto con el Egipto que había soñado tantas veces, Luego entramos en el templo de Ramses, y todavía me impresiona más todavía, pero ya empieza a llenarse de gente y no resulta tan agradable, pero eso me sirve para hacer unas cuantas fotos sin flash a escondidas. Se llena ya de tanta gente que salimos de los templos y nos dirigimos a la zona de tiendecillas, de camino veo bastante policía vigilando, y uno de ellos se me ofrece para posar en una foto, yo le declino el ofrecimiento, aunque me da pena ya que seguro que es lo único que saca claro por trabajar para la policía en mitad del desierto, cuando llegamos al mercadillo es donde me empiezo a dar cuenta lo desesperada que está esta gente por vender, y encima diciéndote la gracia de más barato que en Pryca y hola hola Pepsi Cola, esta canción ya no se separaría de nosotros en todo el viaje. Aproveché para cambiar las primeras libras en una agencia bancaria, por llamarla de alguna manera, ya que lo hacían todo a mano y solo había una mesa y dos sillas para atender al público. Los billetes tenían más mierda que un jamón, además parecía que llevaba una fortuna, y eso que cambié solo 70 euros. Entramos al servício y a la entrada hay un chaval cortando un cachito de rollo de papel y ofreciéndolo, yo se lo rechazo, y al salir me pide un “oro”, es la primera vez que me lo piden por un cacho de papel, yo le doy 20 cts. y no se que clase de bendiciones me echa, pero si llego a tener un interprete a mi lado seguro que no son cosas bonitas.
La verdad es que hemos tenido bastante suerte ya que para estar muy cerca de la frontera con Sudan, no hacía mucho calor, seguro que hace más calor en la Puerta del Sol en Madrid a las 3 de la tarde. Nuestro guía se extraña de mi comentario, pero la verdad es que es así. Volvemos al autobús y salimos hacia la presa de Assuan, serán las 9.30, mientras vamos comiendo algo del pic-nic, (no está mal del todo unos panecillos con carne, fruta y una botellita de agua) vemos el paisaje desértico salpicado de montículos que parecían pequeñas pirámides.
Llegamos a la gran presa de Assuan, que quereis que os diga, no me impresionó demasiado, tal vez porque al estar encima de ella no se tiene buena perspectiva de su magnitud, pero los egipcios están muy orgullosos de ella, ya que han evitado inundaciones y están haciendo llegar agua a lugares impensados. Aquí si que empiezo a notar bastante calor, tanto que los pies parecen que se quedan pegados al asfalto, hacemos las fotos de rigor y zumbando al autobús camino de la cantera a ver el obelisco inacabado. Al llegar, más de lo mismo, muchísimo calor, pero se aguanta bien bebiendo constantemente agua, es imprescindible. Abdul nos acompaña hasta la base de la cantera, allí debajo de un arbol nos cuenta un poco sobre lo que se extrajo de allí y lo que queda, como por ejemplo el obelisco que fue abandonado por tener una falla la piedra. Le digo a Abdulito que si no nos acompaña cuesta arriba en la cantera, y el me responde con un “soy moro pero no gilipollas”, (este Abdul es un cachondo de cuidado), y es que a estas horas es sofocante el calor. Al salir nos acosan los vendedores de forma agobiante, creo que si no fueran así les compraríamos cosas, pero decidimos no comprar nada y salir corriendo hacia el autobús, pero hay gente que si les compra, en cierto modo les envidio, pero es que no aguanto tal acoso, me estresa y hasta aquí no he venido para pasarlo mal, que le voy a hacer.
Volvemos por fin al barco, lo primero es darnos una super ducha, comer y siesta de rigor para recuperar fuerzas, ya que el día todavía no termina aquí. Mientras el barco navega, es una gozada, no se nota nada y casi da pena dormirte y perderse el ver el paisaje tan estupendo que se ve desde la cama, se ve las orillas verdes y un poco hacia atrás como si hubieran pintado con un pincel una raya amarilla que contrasta de forma espectacular, es el azul del rio, el verde de la vegetación, el amarillo del desierto y el cielo perfectamente azul sin una nube, pero algo se me pasa por alto, más tarde me daré cuenta que nuestra habitación está al lado contrario de la isla de Philae y nos lo perdemos, aunque solo hubiera sido para hacer una foto, igual que el Hotel Old Catarac. Que rabia, encima hasta esto, ya te digo mi sino está en volver otra vez a Egipto.
Llegamos a Kom-Ombo, no se que numero de barco hacemos, pero atravesamos un montón, ¿10?, no lo sé, pero al llegar a tierra, aquello parecía el Corte Inglés de la gente que había, seguimos a Abdul como podemos atravesando una marea humana (no exagero), por el camino hay un tío sentado en el suelo con unas serpientes, yo le quiero hacer una foto y me dice: no oro, no foto. Bueno pues nada, no foto, pero luego mi amiga Yoli hábilmente le tira una foto estupenda que me pasaría a través de internet, si se entera el tío de las serpientes, me persigue hasta Madrid.
Entramos en el templo, es una preciosidad, Abudl se desgañita explicándonos cosas acerca del templo, entre ellas como funciona un calendario, un nilómetro, etc, los guias compiten en dar explicaciones, hay tantos grupos que se hace agobiante, al final estuvimos paseando por nuestra cuenta y descubriendo rincones, es lo mejor que se puede hacer aunque no te acompañe el guia. Volvemos al barco con las ganas de parar a comprar algo, pero es que son tan agobiantes, siempre la misma canción (yo más barato que Pryca, tu Antonio Banderas, bla, bla, bla) que preferimos no comprar nada solo deseamos llegar al barco, luego sabremos que a compañeros de viaje casi les obligan a comprar cosas que no querian, creo que han pagado la pardillada. Atravesamos todos los barcos hasta que perdemos la cuenta, en todos enseñamos el pase que nos dan antes de salir y por todos pasamos por los detectores de metal , que aunque pitan en todos, el policia que está allí casi de adorno, no hace ni caso. Nos reciben con unas toallitas para limpiarnos un poco el sudor (debe de ser una indirecta de que olemos a tigre) y un té o carcade, que no está nada mal. Nos duchamos y con el tiempo justo bajamos a cenar y después a gozar de los mejores momentos del barco por la noche en la cubierta con nuestros nuevos amigos Canarios, de Burgos y Barcelona, que con la charla y las risitas de los asaltos de los comerciantes se nos hace bastante tarde, la verdad es que se está de muerte con la brisa que corre y a la luz de una luna muy especial anaranjada. Me apetece tomarme una coca-cola, que por cierto no me la cobraron, pero que luego me arrepentiría de tomármela, ya que no me cayo demasiado bien, yo creo que me tendieron una trampa, ya esa misma noche el tío Bilarzio me visitó, que raro me sentía, y encima el ruido de los motores del barco, no exagero, pero se movía el cabecero cada vez más, tenía vida propia, en recepción solicito que me cambien de habitación, es insoportable, nos dicen que a la mañana siguiente sale gente del barco y que nos cambiarán, eso espero porque entre cagaleras, ruido de motores y madrugones, esto puede acabar con la salud de cualquiera.
Ultima actualización el 09-01-2005 @ 09:09 am
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