Las excursiones de la tarde: una de cal y otra de arena. La gran presa de Aswan es una tremenda obra de ingeniería, pero lo cierto es que la impresión, al menos en mi caso, no va más allá de un “ohhh vaya, que grande es esto!!”. El templo de Philae en cambio, es uno de esos recuerdos que se convierten en residentes permanentes de la memoria.
La primera imagen de Philae que consigo recordar es la que tuve desde la barca en la que llegamos hasta el templo. A un lado del Nilo, sobre una pequeña isla y envuelto en vegetación, apareció un edificio de líneas sencillas, limpias, elegantes. Aún sabiendo que está construido con miles de toneladas de piedra, da la impresión de ser ligero, como si sólo fuese una de esas construcciones con cubos de madera que hacen los niños. Me gustó lo que veía desde el principio, ya desde lejos, Philae transmite paz por los cuatro costados. Me costaba creer que había estado cubierto por el agua, está en un magnifico estado y sobre todo me costaba creer que lo habían trasladado piedra a piedra. La sensación de ligereza del templo seguía siendo patente pero desde dentro te haces mucho más consciente de la grandiosidad de la construcción y se hace difícil imaginar como es posible mover algo así, es realmente impresionante. Disfrute mucho paseando por el exterior, en parte porque el templo, y el marco en que se encuentra son una preciosidad, pero también en gran parte porque había muy pocas personas allí. Para mi la “soledad” es un valor añadido cuando visitas Egipto y cuanto más cerca estas de conseguirla más se disfruta todo.
En las cimas de las islas rocosas que hay alrededor, me llamaron la atención una serie de túmulos de piedra que acababan en una pequeña cúpula. Khaled, nuestro guía, me explico que eran tumbas nubias, que eran “modernas” y no tenían nada que ver con el templo. Seguramente sea cierto y la elección del lugar del enterramiento no tenga nada que ver con el templo pero, la verdad, creo que no se podría elegir mejor paisaje para pasar la eternidad.
Viendo como las garcetas se procuraban la cena, volvimos en la barca hasta el autobús que nos llevaría de vuelta al barco.
Después de la cena salimos a dar una vuelta por el mercado de Aswan. Este paseo fue una gran fiesta para mi vista y mi olfato. Los olores son muy importantes en mi vida. Siempre he tenido una memoria olfativa muy vívida, el olor de un perfume me trae a la persona que lo usa o el de la cebolla friéndose me lleva a esas mañanas de domingo en casa cuando, aún desde la cama, olía la comida que mi madre preparaba. El olor del mercado de Aswan es muy difícil de describir. La mezcla de especias, comino, curry, páprika, vainilla, canela…los puestos de comida que despiden aquí y allá olor a carnes asadas. Después de un rato paseando, la extraña mezcla de aromas (dulces, picantes…intensos) y la cantidad de colores de los puestos de especias, colocadas en montoncitos, unas al lado de otras, casi llega a emborracharte. Compramos cantidad de especias. Durante el resto del viaje, cada vez que abría la maleta, y hoy cada vez que abro los botes en que guardo la pimienta, el curry o el comino, el olor me devuelve al mercado.
Para reposar del paseo y esperar a que el grupo se reuniera por completo, nos sentamos en un café. De inmediato la mesa se lleno de té con menta y, por supuesto, de shishas. En una mesa al lado de la nuestra, un grupo de japoneses fracasaba estrepitosamente en el intento de fumar en su propia cachimba. Estaban muertos de la risa y acabaron arrastrándonos a nosotros. En nuestro grupo, y en sólo cuatro días en Egipto, contábamos ya con tres auténticos expertos fumadores. Uno de los tres, Rafa, intentó enseñar a uno de los japoneses la forma de hacer que el humo subiera. Después de varios intentos infructuosos, nuestro amigo nipón decidió que lo mejor sería abandonar la tarea y conformarse con retratar al “gran maestro” de la shisha en plena faena. Después de la sesión fotográfica y unas cuantas risas más, acabamos nuestro té, nuestras shishas y volvimos paseando para regresar, por última vez al barco. El día había sido muy largo y aún había que rematar las maletas para, al día siguiente, dejar el barco y partir hacia Abu Simbel.
Ultima actualización el 07-10-2005 @ 02:42 pm
|